Un barbero sangrador en la Mérida del siglo XIX: II Parte

Como adelanté en la entrada anterior, en 1825 concretamente en enero, vivía ya independizado de su maestro Fernando Bravo, además está casado y según los cálculos, su mujer Mª Rosa Gallego está embarazada de Vicente. He localizado su expediente matrimonial y en él se dice que es “vecino con sus padres desde la edad de ocho años de esta ciudad de Mérida…”. Según esta información, habría llegado a la ciudad en 1812 en plena ocupación francesa, sin embargo, el primer registro del Padrón de habitantes en el que aparece Martín es de 1824, no consta en el anterior y primer padrón de la ciudad realizado en 1818. Entonces, ¿fue Martín con sus padres en 1812, o ellos le enviaron solo a casa de su maestro barbero en 1818? Tampoco he localizado a sus padres en los padrones de 1818 y 1824 así que me inclino a pensar que directamente se estableció en casa de su maestro y sus padres volvieron al pueblo.

TRES DÉCADAS DE ESTABILIDAD EN MÉRIDA (1824 – 1854)

No sabemos de qué manera ejerce su profesión, si de forma independiente o vinculado a alguna de las instituciones benéfico asistenciales de la ciudad. Sin embargo, encontramos una noticia suya en el BOPB (Boletín Oficial de la Provincia de Badajoz) con fecha 1 de mayo de 1852 en que se publican los datos de Contribución Territorial, de Industria y Comercio que puede arrojar algo de luz. En el folio 462 aparece Martín como contribuyente. La industria o profesión que ejerce es la de sangrador y por ello paga una cuota de 40 reales de vellón que con el recargo de interés común se quedan en 42. Es el único dato que poseemos sobre su ejercicio profesional hasta el momento, pero no es poco. Ese año en la ciudad de Mérida, él es el único sangrador que paga contribución, además de un barbero, un médico y un cirujano.

Este dato hace pensar que Martín podría haber obtenido una licencia para abrir su propia tienda de barbería, aunque no he podido documentarlo por ahora, es una hipótesis. Los contribuyentes por industria o profesión, son aquellos profesionales que ejercen, podríamos decir, de forma autónoma, por ello, ¿por qué no pensar que pudo obtener una licencia para regentar una tienda de barbería? El padrón de la ciudad nos mostró muchos otros barberos y sangradores en esos años, pero ninguno aparece como contribuyente. ¿Cómo se explica que sea el único?

Por otro lado, la presencia de Vicente en el hospital San Juan de Dios que ya mencioné en una entrada anterior, no es casual, antes había prestado sus servicios al mismo, Martín. Así consta en los libros de cuentas del hospital. La documentación conservada sobre esta institución en el AHMM (Archivo Histórico Municipal de Mérida), no es abundante y se encuentra muy dispersa y fragmentada, por lo que resulta complicado su estudio. Únicamente están bien detalladas las cuentas de los fondos del hospital entre 1851 y 1855, aunque tampoco completas. En el libro de Intervención de fondos del Hospital de Juan de Dios correspondiente al año 1854, en el apartado de nóminas a los empleados del mes de agosto, vemos que Martín Solís, maestro sangrador, recibe 13 reales de vellón, por haber del mes de la fecha. En septiembre recibe 16 reales en concepto de gastos de sirvientes. Ya en la nómina de empleados del hospital con fecha 31 de octubre, aparece Vicente Solís, sangrador, con un sueldo de 13 reales. Martín había muerto.

Es un vacío documental que nada más se conserven las cuentas del hospital entre 1851 y 1855 lo que nos impide saber desde cuándo trabajó Martín en el hospital, aunque por lo que los libros muestran, sólo consta como empleado desde el mes de agosto de 1854. ¿Solicitaría el hospital la ayuda de Martín ante la oleada de enfermos? Quizás por este motivo no hay rastro de Martín en los libros de cuentas del hospital antes de agosto de 1854.


De lo que no hay lugar a dudas después del seguimiento al registro del padrón de habitantes, son las calles en las que vivió y por cuanto tiempo. Sobre el Plano Topográfico y Pintoresco de la Ciudad de Mérida levantado y litografiado en 1878 por José López Alegría, profesor de las tres bellas artes, he marcado con números los domicilios en orden cronológico. Así pues, cuando llegó a Mérida siendo un adolescente se instaló en casa de su maestro Fernando Bravo en la calle Puente (1); se independizó en 1824 trasladándose a la plaza del Rastro (2), seguramente nada más obtener el título de maestro barbero. Se casó con Rosa Gallego Rodríguez, exactamente el 18 de octubre de 1824 en la parroquia de Santa María la Mayor; vivió en el Rastro hasta 1834 que se traslada a la Plaza, hoy actual Plaza de España (3); de nuevo en 1836 vuelve a trasladarse, esta vez a la calle del Puente, cerca de casa de su maestro Fernando Bravo(4); por último, vuelve a trasladarse en 1847 a la calle Santa Olalla donde vivía cuando falleció víctima de cólera el 5 de octubre de 1854.

  1. Calle Puente, vive con su maestro Fernando Bravo, (1818-1824).
  2. Plaza del Rastro, se independiza con su mujer. (1824-1834). Mientras vive en la plaza del Rastro nacen sus hijos Vicente, Antonia e Hipólito.
  3. Plaza, -hoy plaza de España- donde llega a vivir durante dos años. (1834-1836).
  4. Vive de nuevo en la calle del Puente, ahora durante 11 años. Aquí nació su última hija, Josefa (1836-1847).
  5. Calle Santa Olalla, la última de las viviendas de la familia Solís-Gallego con Martín todavía vivo (1847-1854-¿?)

En el año 1834, Martín y su familia viven en la Plaza. En 1836 se traslada la calle Puente, aquella donde vivió con su maestro Fernando Bravo, y ahí vivirán durante diez años, hasta que en 1847 se trasladan a la calle Santa Olalla. El seguimiento de Martín a través de los registros del padrón histórico revela algo curioso. En 1834 es alcalde de barrio. No es que se trate de un puesto de notable relevancia, ya que podría equipararse a los actuales presidentes de nuestras comunidades de vecinos o asociaciones de barrio. Lo que nos parece relevante es que, todavía en el año 1845 siga ocupando dicho cargo sin haberlo dejado ni un solo año.


No tenemos constancia por la documentación existente en el AHMM de la realización de elecciones para ocupar este puesto. Es posible que fuera por asignación mayoritaria como resultado de una votación en junta vecinal, o siguiendo un estricto orden por la numeración de las calles y puertas. Si fuese en función de la numeración, no se entiende que fuera alcalde de barrio por lo menos diez años. Ahora bien, en caso de elección por asignación mayoritaria, cabe pensar dos cosas: la primera es que, su buen hacer fuera del agrado de los vecinos y decidieran su continuidad año tras año; y, en segundo lugar, podemos pensar que fuera una persona de cierta trascendencia en el barrio. Esta posición, junto a su buen hacer, podría haberle hecho ganar la confianza de sus vecinos y las autoridades. Esto puede hacer más comprensible que mantuviera esta posición de cierta referencia durante más de diez años.

Otro dato muy interesante y que podemos conectar con esto que venimos comentando es el que nos aporta un documento hallado en el AHMB (Archivo Histórico Municipal de Badajoz). Se trata de la descripción de unas Reales órdenes que versan en torno a la facultad que tenían los barberos y sangradores para tener tiendas de barbería y, los servicios que en ellas ofrecían. Al parecer, los cirujanos se quejaban del intrusismo que sufrían en sus oficios por parte de estos profesionales de inferior categoría. En muchos casos, había sangradores o barberos que, ponían tienda de barbería sin la pertinente licencia e incluso sin acreditar la formación requerida. El documento mencionado, refiriéndose a la Real cédula de 6 de mayo de 1804, expresa, entre otras cosas que, “para evitar los inconvenientes de que los simples barberos se entrometiesen en el arte de curar, se encargase a los Alcaldes de Barrio y respectivas justicias la más estrecha vigilancia”. Tenemos pues, a los Alcaldes de Barrio, vigilando que las tiendas de barbería se abrieran dentro de la legalidad.

Es posible que estemos tratando de encajar a la fuerza varias piezas de un puzzle que a priori no tendrían porqué encajar. Pero lo que no podemos negar es que, Martín era el único sangrador sujeto a contribución por ejercer esa industria o profesión y, tenemos constancia que fue Alcalde de Barrio durante más de diez años.

Continuará…

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